Científicos de la UNR y vecinos desarrollan un mapa del impacto ambien
Mie 14 Sep 2011 11:57:34 | 0 comentarios
| El primer objetivo del programa fue identificar las fuentes contaminantes y su relación con los procesos de trabajo y el medioambiente como determinantes de la salud humana | ||||||
| ||||||
| La Universidad Nacional de Rosario (UNR) trabaja junto con los habitantes del cordón industrial de Gran Rosario en un mapa colectivo que da cuenta del riesgo sanitario al que se encuentran expuestos y el impacto ambiental que genera la fuerte presencia de industrias en la zona. Epidemiólogos, arquitectos, licenciados en sistemas y psicólogos desarrollan una iniciativa destinada a la comunidad: los investigadores trabajan junto con vecinos del cordón industrial que viven a la vera del Paraná, en el diseño de un mapa social que refleje la contaminación presente en la región, así como también el impacto de la actividad industrial. A través de la modalidad de diagnóstico participativo, se busca la construcción transdiciplinaria de un mapa de la región en el que sean señaladas las fuentes contaminantes y su relación con la industrialización y los procesos ecológicos como determinantes de la salud humana. La investigación se denominó “Territorios invisibles. Una aproximación al proceso de contaminación en el cordón industrial del Gran Rosario, Argentina, desde el mapeamiento social y la guerrilla de la comunicación” y es impulsada por el Núcleo de Estudios Transdisicplinarios del área Salud y Trabajo de la Facultad de Medicina de la UNR. “Comenzamos trabajando con sindicatos químicos, papeleros y aceiteros de la zona del cordón industrial que nos acercaban denuncias, fundamentalmente de casos de cáncer, que es lo primero que una población detecta cuando se habla de un problema de contaminación, sea o no una cuestión comprobable. A partir de esto, surge la iniciativa de pesquisar el proceso de contaminación”, rememora Mariano Mussi, epidemiólogo de la UNR y director del proyecto. El cordón industrial del Gran Rosario comprende una región compuesta por siete ciudades del sur de la provincia de Santa Fe: San Lorenzo, Fray Luis Beltrán, Capitán Bermudez, Granadero, Baigorria, Rosario, Villa Gobernador Galvez, Arroyo Seco y Villa Constitución. Allí se asienta uno de los más importantes polos industriales de la Argentina, donde desarrollan sus actividades industrias petroquímicas, químico papeleras, aceiteras y metalúrgicas, junto a una intensa actividad portuaria. Todo a orillas del río Paraná, el segundo mayor curso hídrico de la Argentina. El desafío era recoger, integrar y relacionar información repartida en una extensión de 160 km. Para ello, el equipo de investigadores se planteó el siguiente lema: “Nadie conoce mejor su territorio que quien lo habita” y así fue que decidieron emprender el armado de un mapa colectivo junto con los vecinos de las ciudades afectadas. Mariano Mussi explicó de esta forma la tarea que están realizando: “Una cartografía social es un método que intenta plasmar en un modelo cartográfico variables que tradicionalmente no están comprendidas en la cartografía cartesiana. Los mapas que conocemos habitualmente están basados en determinadas lógicas de representación, de medida, la famosa escala que determina cómo sería el tamaño de ese objeto en la realidad. En cambio, la cartografía social intenta plasmar y construir sobre esa cartografía cartesiana las experiencias de la gente, de las poblaciones con un determinado territorio”. La modalidad de investigación que adoptó el proyecto está relacionada más con lo vivencial: “Tomamos un modelo de investigación que intenta superar el tradicional cartesiano de un contaminante un efecto a la salud; para recuperar el conocimiento de los propios habitantes del territorio sobre los procesos de contaminación en la región y que eso permita tener un entendimiento más holístico de lo que son los modelos de impacto ambiental tradicionales”, explica Mussi. En ese sentido, el especialista, en tono didáctico, justifica la elección de esta modalidad: “Cuando se trabaja con un sistema simple el objeto de investigación está sometido a la voluntad del investigador. Se estudia la aceleración de un cuerpo en función de la fuerza que se le aplica y así se evalúan las velocidades. Esto es un estudio simple donde el cuerpo no tiene conocimiento de su realidad, pero cuando se trabaja con la salud de poblaciones se entrecruzan variables medio ambientales, históricas y político-sociales y se hace difícil entender el impacto ecológico y el daño en la salud humana”. El proyecto no deja de lado el saber científico sino que pretende ser una amalgama entre el conocimiento de los especialistas y lo vivencial aportado por los habitantes. En ese sentido, Mussi especifica: “Necesitamos que el objeto de conocimiento se constituya en un sujeto de saber. Esto no implica que la investigación esté solamente basada en el desarrollo participativo”. Esta etapa de mapeamiento pretende sentar las bases para futuras investigaciones. El epidemiólogo rosarino asegura: “La idea es que esto pueda constituir territorios prioritarios para una pesquisa más tradicional de dosaje de agroquímicos y contaminantes en diferentes zonas y su impacto en la salud”. Iván Kozenitzky es arquitecto, diseñador gráfico y artista en nuevas tecnologías, y desde sus diversos saberes aporta a “Territorios invisibles”. Para él lo más meritorio del proyecto reside en valorizar el saber de los habitantes de las ciudades afectadas: “Apelamos a legitimar el conocimiento que tienen los vecinos, porque muchas veces son las mismas instituciones las que se encargan de quitárselo diciéndoles `No, vos no sabés nada´, pero es gente que ha vivido toda la vida en esas localidades y tienen muchísima información, qué es cada empresa, dónde están, desde hace cuánto, qué había antes, con qué sustancias trabajan, que le pasó a tal operario que tuvo tal accidente, es toda información valiosa que no está en ninguna base de datos oficial”. Fuente: Agencia CTyS |
Comentarios
o


